El Gobierno de Rodrigo Paz considera que la eliminación progresiva de la subvención a los combustibles tendrá un impacto social que podrá ser administrado mediante medidas dirigidas a los sectores con menores ingresos. La administración nacional sostiene que la situación inflacionaria actual ofrece un margen para aplicar el ajuste y anticipó la creación de un programa de apoyo económico destinado a las familias más vulnerables.
El viceministro del Tesoro y Crédito Público, Gustavo Navarro, explicó que el Ejecutivo ya analiza los posibles efectos que tendrá el retiro de la subvención sobre los precios y el costo de vida. Aunque reconoció que una modificación en el precio de los carburantes puede generar presiones inflacionarias, aseguró que el Gobierno cuenta con mecanismos para reducir el impacto sobre los hogares que tienen menor capacidad económica.
Según Navarro, uno de los principales factores considerados por las autoridades es el nivel actual de inflación. El funcionario señaló que el indicador interanual se encuentra alrededor del 5%, una cifra que, desde la perspectiva del Ejecutivo, permitiría avanzar con el proceso de ajuste sin repetir el escenario registrado durante la gestión anterior, cuando la inflación llegó a superar el 20%.
La eliminación del subsidio forma parte de los compromisos asumidos por Bolivia en el marco del acuerdo alcanzado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que contempla un crédito de 1.900 millones de dólares. Dentro de las medidas acordadas se encuentra la modificación del esquema de precios de los hidrocarburos y la reducción de la participación estatal en el mecanismo de subvención.
El ministro de Economía, Christian Morales, informó que el actual régimen tiene como fecha límite enero de 2027. A partir de ese momento, los precios de los carburantes deberán aproximarse a los valores internacionales, aunque todavía no se conoce cuál será exactamente el incremento que experimentarán productos como la gasolina y el diésel.
La cifra final dependerá de la evolución del mercado internacional del petróleo. Las autoridades explicaron que cualquier modificación deberá considerar las variaciones del precio internacional del crudo, por lo que todavía no existe un monto definitivo que permita calcular cuánto pagarán los consumidores una vez concluya el periodo establecido.
El tema genera preocupación debido al efecto que los combustibles tienen sobre prácticamente toda la actividad económica. Una variación significativa en el precio del diésel o la gasolina puede trasladarse al transporte, la producción agrícola, la distribución de alimentos y otros servicios que dependen del movimiento de mercancías y personas.
Ante este escenario, el Gobierno busca evitar que el ajuste recaiga de manera desproporcionada sobre los sectores con menores ingresos. Navarro sostuvo que el esquema de subsidios actual tiene un carácter regresivo, debido a que, según su explicación, una parte importante del beneficio termina favoreciendo a quienes tienen mayor capacidad económica y consumen mayores volúmenes de combustible.
Desde la perspectiva del Ejecutivo, sustituir una subvención generalizada por mecanismos de asistencia focalizada permitiría dirigir los recursos públicos hacia quienes realmente necesitan protección frente al aumento del costo de vida.
El Gobierno prepara, en ese sentido, un programa destinado a los sectores considerados más vulnerables. Aunque todavía no se dieron a conocer detalles sobre los montos, beneficiarios o mecanismos de entrega, el viceministro adelantó que se utilizarían transferencias económicas y bonos como herramientas para reducir los efectos sociales de las medidas de ajuste.
La estrategia busca cambiar la forma en que el Estado utiliza los recursos destinados actualmente a mantener los precios de los carburantes. En lugar de sostener una política de subvención que beneficia a todos los consumidores, el Ejecutivo pretende concentrar parte de los recursos en familias que tengan mayores dificultades para enfrentar el incremento de determinados productos y servicios.
Navarro explicó que la focalización de las ayudas permitiría proteger el poder adquisitivo de los hogares más vulnerables mientras se avanza en el proceso de reorganización de las finanzas públicas. El objetivo, según indicó, es ordenar la economía y evitar que la inflación vuelva a alcanzar niveles elevados.
El Gobierno considera que mantener indefinidamente la subvención representa una presión importante para las cuentas públicas. El costo de importar combustibles y mantenerlos por debajo de los precios internacionales ha sido uno de los principales problemas económicos que Bolivia ha enfrentado en los últimos años.
La situación también ha generado dificultades en el abastecimiento de carburantes y una creciente presión sobre las instituciones encargadas de garantizar la provisión de gasolina y diésel. En este contexto, el Ejecutivo plantea modificar gradualmente el modelo para reducir la carga financiera que representa la subvención.
Aunque el precio de los carburantes permanece congelado hasta enero, el proceso de reducción del subsidio ya comenzó en determinados segmentos del mercado. Uno de los primeros pasos fue la liberalización del precio del diésel destinado a grandes consumidores, lo que permite que determinados compradores accedan al combustible bajo condiciones vinculadas a los valores internacionales.
Esta medida representa un cambio respecto al sistema generalizado de precios subsidiados y funciona como una primera etapa dentro de la transición anunciada por el Gobierno. Las autoridades buscan avanzar gradualmente para evitar una alteración abrupta del mercado interno.
A este proceso se suma una reciente disposición que autoriza a las refinerías de YPFB a importar petróleo crudo y comercializar los derivados obtenidos de su procesamiento bajo precios internacionales de mercado.
La medida pretende ampliar las alternativas de abastecimiento y permitir una mayor participación de mecanismos de mercado en la importación y comercialización de combustibles. El Gobierno sostiene que esta modificación contribuirá a reducir algunas de las restricciones que actualmente afectan al sector hidrocarburífero.
La política de precios de los carburantes se encuentra además relacionada con la situación de la empresa estatal YPFB y con la necesidad de modificar el modelo mediante el cual el Estado participa en la importación y comercialización de combustibles.
El Ejecutivo ha planteado una transformación de ese esquema como parte de su programa de reorganización económica. La intención es reducir la presión sobre las cuentas públicas y establecer mecanismos que permitan que los precios reflejen progresivamente las condiciones del mercado internacional.
Sin embargo, el Gobierno deberá enfrentar el impacto que una eventual subida de los carburantes podría generar sobre diferentes sectores. El transporte público y privado, los productores agrícolas, los comerciantes y las empresas que utilizan vehículos o maquinaria con combustible son algunos de los grupos que podrían experimentar mayores costos.
El efecto también podría trasladarse al precio de los alimentos si aumentan los costos de transporte y distribución. Por ello, la efectividad del programa de apoyo anunciado será uno de los principales elementos para determinar el impacto social de la transición.
Las autoridades aseguran que el objetivo no es simplemente eliminar la subvención, sino acompañar la medida con políticas que permitan proteger a los hogares de menores ingresos. Bajo esta lógica, los recursos que actualmente se destinan a sostener los precios podrían ser parcialmente redirigidos hacia programas sociales.
El Gobierno todavía no precisó cuándo comenzará la aplicación de las nuevas ayudas ni cuál será el universo de beneficiarios. Tampoco se estableció públicamente el monto de las transferencias que podrían recibir las familias seleccionadas.
La definición de estos aspectos será clave para evaluar la capacidad del Ejecutivo de contener las consecuencias del ajuste. Mientras más focalizado sea el mecanismo de asistencia, mayor será la necesidad de contar con criterios claros para identificar a los hogares que requieren apoyo.
Otro de los desafíos será evitar que la modificación de los precios genere un incremento generalizado de bienes y servicios. El Gobierno sostiene que el control de la inflación será fundamental durante esta etapa y que las medidas económicas deberán implementarse de manera coordinada.
Navarro señaló que una de las prioridades es impedir que Bolivia vuelva a registrar tasas de inflación similares a las observadas durante el año anterior. Para ello, el Ejecutivo busca combinar el retiro gradual de la subvención con medidas destinadas a proteger el ingreso de los sectores más afectados.
El proceso también estará condicionado por la evolución de los precios internacionales del petróleo. Una caída del crudo podría moderar el impacto sobre el mercado interno, mientras que un incremento significativo tendría el efecto contrario y podría elevar el precio de los combustibles una vez que se aplique plenamente el nuevo esquema.
Por ahora, enero de 2027 aparece como la fecha central dentro del cronograma anunciado por el Gobierno. Hasta entonces, los precios permanecerán sujetos al régimen establecido, aunque algunas modificaciones ya comenzaron a aplicarse para determinados consumidores y operadores.
La administración de Rodrigo Paz enfrenta así el desafío de equilibrar dos objetivos: reducir el costo fiscal que representa la subvención y evitar que la transición genere un deterioro significativo de las condiciones económicas de las familias.
El éxito de la medida dependerá no solo de la evolución de los precios internacionales, sino también de la capacidad del Gobierno para ejecutar los programas de compensación prometidos, mantener bajo control la inflación y garantizar el abastecimiento de combustibles.
Mientras se aproxima la fecha límite establecida, el Ejecutivo deberá definir los detalles del nuevo sistema y explicar a la población cómo funcionará el mercado de carburantes una vez concluya la subvención. También tendrá que precisar quiénes recibirán las ayudas focalizadas y bajo qué condiciones.
La eliminación del subsidio constituye una de las decisiones económicas más sensibles de la actual administración. Su aplicación marcará un cambio significativo en la política de combustibles de Bolivia y pondrá a prueba la capacidad del Gobierno para implementar ajustes económicos sin provocar un impacto social que exceda sus previsiones.
Por ahora, las autoridades sostienen que el escenario es manejable y que la protección de los sectores más vulnerables será el eje de la transición. El reto será convertir ese anuncio en medidas concretas antes de que llegue enero de 2027 y comience una nueva etapa para los precios de los hidrocarburos en el país.

