La lactancia materna constituye una de las vías fundamentales para asegurar un inicio saludable en los recién nacidos, ya que provee los nutrientes esenciales requeridos para el crecimiento y desarrollo en los primeros meses de vida. Junto con aportar al bienestar físico del lactante, refuerza el nexo afectivo con la madre y genera efectos positivos que se extienden a lo largo de las distintas etapas de su desarrollo.
En concordancia con las pautas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se aconseja mantener la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida para satisfacer la totalidad de los requerimientos de energía y nutrientes. Luego de este periodo, la entidad internacional recomienda continuarla de manera conjunta con una alimentación complementaria idónea hasta alcanzar los dos años o más.

Uno de los primeros componentes alimenticios que obtiene el recién nacido es el calostro, caracterizado por su concentración de anticuerpos y nutrientes que fortalecen el sistema inmunitario y resguardan frente a cuadros infecciosos. Con el transcurso de los días, la leche materna madura adecúa su composición a los requerimientos del lactante, suministrando los elementos para sus defensas y evolución física. Asimismo, este proceso colabora con la recuperación posparto de la madre y consolida la relación con su hijo.
No obstante, debido a particularidades individuales, se presentan escenarios médicos, fisiológicos o de índole personal en los cuales no resulta viable aplicar la lactancia materna exclusiva o llevarla a cabo. Ante estas contingencias, se recalca la necesidad de que los núcleos familiares reciban asesoría y orientación de profesionales del área de la salud con el fin de definir la alternativa alimenticia más idónea.
En los casos donde el amamantamiento no es factible o es insuficiente, existen fórmulas infantiles como NAN, estructuradas para atender las demandas nutricionales de los lactantes bajo indicación y monitoreo médico. Dicha medida busca sostener el desarrollo del menor bajo un esquema responsable y ajustado al contexto familiar.

Dentro de este marco de cuidado de la nutrición en los primeros mil días, Nestlé Bolivia implementa iniciativas internas entre las que resalta la adecuación de una Sala de Lactancia en sus ambientes corporativos. Se trata de un espacio preparado para que las trabajadoras en periodo de amamantamiento puedan realizar la extracción y conservación segura de su leche a lo largo de la jornada laboral, promoviendo la conciliación del empleo y la vida personal.
«En Nestlé creemos que apoyar a las madres también significa generar espacios que les permitan continuar con la lactancia cuando regresan a sus actividades laborales. Al mismo tiempo, promovemos información basada en evidencia para que cada familia pueda tomar decisiones informadas junto a los profesionales de la salud, siempre priorizando el bienestar de los bebés», destaca Rodrigo Cosio, Business Manager de Nutrición.
De igual manera, la empresa extiende un llamado a la sociedad, las empresas y los especialistas sanitarios para afianzar entornos inclusivos y respaldar decisiones informadas en torno a la nutrición infantil y el apoyo a las madres.

