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Revelan los mensajes con los que Sebastián Marset desafió a la DEA antes de ser capturado en Bolivia

Los intercambios que Sebastián Marset mantuvo con un agente de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) evidencian la postura desafiante que el narcotraficante uruguayo ostentaba en la clandestinidad. En dichas comunicaciones, descartó someterse a la justicia, aseveró que jamás caería y advirtió que el panorama podría tornarse violento si continuaban las pesquisas hacia su pareja.

La revelación de estos diálogos surge de documentos adjuntados por fiscales de Estados Unidos en el proceso penal contra Marset. La información fue difundida por el semanario uruguayo Búsqueda y documenta un contacto registrado en marzo de 2025, alrededor de doce meses antes de que fuera localizado y aprehendido en territorio boliviano.

Por aquel periodo, Marset acumulaba años esquivando la persecución de distintos países. Las acciones contra sus allegados se intensificaron luego de la detención de Gianina García Troche, señalada como su pareja y madre de sus hijos. Dicho escenario impulsó a un funcionario estadounidense a contactarlo de forma directa.

La gestión estuvo a cargo del agente especial Michael Greisen. Conforme a los informes, antes de comunicarse con Marset, Greisen se aproximó a una mujer vinculada al uruguayo en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, Colombia. Al no lograr colaboración, recurrió a WhatsApp para escribirle de manera directa al prófugo.

El agente buscaba abrir una vía para que Marset resolviera su estatus penal mediante una comparecencia voluntaria. Le planteó una alternativa que podía concretarse de forma discreta y profesional, aclarando a su vez que la entrega no extinguiría los cargos que pesaban en su contra.

Greisen remarcó que las fuerzas norteamericanas persistirían tras sus pasos, trayendo a colación capturas de otros cabecillas del narcotráfico internacional, con el fin de plantearle que prolongar su clandestinidad solo retrasaría un desenlace inevitable según la perspectiva de la DEA.

La réplica de Marset no se hizo esperar.

El investigado desestimó entregarse, afirmó que los organismos de seguridad jamás lograrían capturarlo, puso en duda la existencia de la justicia y lanzó diversas provocaciones dirigidas al agente.

En los pasajes más tensos del diálogo, Marset alegó poseer una destreza superior a la de la DEA para mantenerse prófugo. La discusión fue subiendo de tono, derivando en agresiones verbales y amenazas hacia Greisen.

El funcionario intentó reconducir el contacto hacia el ámbito familiar, argumentando que el planteamiento pretendía también facilitar una solución para sus hijos.

Marset reaccionó cuestionando si las autoridades pretendían atentar contra ellos. A partir de ese punto, el intento de negociación se transformó en un abierto careo entre el prófugo y su perseguidor.

“Nunca me atraparán”

Tras los mensajes de texto, Greisen y Marset sostuvieron una llamada de cerca de dos minutos. En ese diálogo, el investigado ratificó que no accedería a entregarse y enfatizó que estaba dispuesto a huir el tiempo que resultara preciso.

Asimismo, lanzó una conminación respecto a su pareja: solicitó que cesara el hostigamiento hacia ella y alertó de que, si persistía la presión sobre su entorno, la situación podría complicarse.

El prófugo remarcó su convicción de que no sería hallado, señalando no temer a las autoridades norteamericanas ni a persona alguna, bajo el argumento de que todo ser humano es vulnerable a la muerte.

Greisen le reiteró que las causas formales en Estados Unidos permanecerían activas sin importar el lapso que durara su fuga.

Marset reaccionó manifestando que tenía pleno conocimiento de su condición delictiva y que se mantendría en esa línea toda su vida, sin importar quién se abocara a buscarlo.

Al culminar la llamada telefónica, existió un último intercambio por WhatsApp. El agente estadounidense argumentó que buscó la comunicación directa para sostener un diálogo frontal y dejó su contacto telefónico en caso de que decidiera replantearse la postura.

Pese a ello, el uruguayo se mantuvo en la clandestinidad por casi un año más.

De prófugo internacional a detenido en Bolivia

La pretendida infalibilidad que Marset mostraba en los chats cayó el 13 de marzo de 2026, fecha en la que fue descubierto en Santa Cruz de la Sierra.

La intervención policial finalizó con su captura a manos de las autoridades bolivianas y su posterior entrega a dependencias de Estados Unidos, cerrando así la dilatada persecución continental.

La aprehensión dio paso formal al enjuiciamiento en Estados Unidos por supuestos delitos de tráfico masivo de cocaína y maniobras financieras ilegales.

La causa se tramita en el Tribunal de Distrito Este de Virginia, instancia donde el Ministerio Público sostiene que Marset habría integrado operaciones orientadas a internar cocaína en suelo estadounidense y una red de distribución.

Los cargos abarcan cuatro ejes: conspiración para lavar dinero, conspiración narcoterrorista, conspiración para poseer cocaína con intención de distribuirla a bordo de una embarcación bajo jurisdicción estadounidense y lavado de dinero.

El juicio oral tiene fijado su inicio para enero. En paralelo, los abogados de Marset buscan desestimar la acusación y pretenden la anulación de resoluciones sobre activos digitales confiscados a lo largo de las pesquisas.

Una investigación que expone su red

Los diálogos con la DEA transparentan el proceder del uruguayo en momentos en que escapaba de los organismos de seguridad.

Descartando cualquier posibilidad de pacto, el sujeto manifestaba seguridad absoluta en evadir las órdenes de captura vigentes.

Ese panorama dio un giro rotundo tras su detención en Bolivia.

Una vez aprehendido, Marset emitió nuevas declaraciones relativas a sus operaciones criminales: según datos adheridos a la causa, manifestó que volvió a destinar parte de sus ganancias y afirmó contar con cuantiosas cantidades de cocaína para proseguir con el ilícito.

Estas afirmaciones engrosan los expedientes con los que los fiscales norteamericanos buscan acreditar la dimensión de su estructura y el papel que habría desempeñado Marset.

El caso sostiene el foco sobre las ramificaciones internacionales que habría edificado a lo largo de Sudamérica, donde su nombre permanece ligado al tráfico de sustancias controladas, legitimación de ganancias ilícitas y esquemas para encubrir sus movimientos.

Los mensajes al agente Greisen ratifican los intentos de la DEA por pactar una entrega antes de la aprehensión, vía que Marset declinó para prolongar su clandestinidad, la cual finalmente concluyó en territorio boliviano.

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